dilluns, de gener 19, 2009

El lado gris


Había tantas opciones! Uno se da cuenta cuando tropieza con su lado gris porque no le empujaba la necesidad en el delito. Porque ni tan siquiera se trataba del deseo. El lado gris asoma a escoger la peor alternativa sin más razón que la vileza.


Había tantas y tan buenas opciones que ni 100 Nilos de ginebra servían de excusa. Podía haberse quedado quieto, casi muerto (viviendo por dentro), observándola. Sus ojos lo merecían, su sonrisa... su sonrisa fue peor que la ginebra. Podía haber hecho como cada día: gozar de su cálida compañía regocijándose a la vez de su propia virtud para valorarla más allá de la simple belleza. Gozar amablemente de la falta de necesidad, de ese fluir casi cósmico que infiere sentirse capaz de no desbordarse ante las cosas buenas. Podía haberla mirado con una leve sonrisa y decirle, con el tono justo, que se alegraba de que estuviera allí esa noche. Podía haberse olvidado de ella y perseguir las faldas chispeantes de alguna, pongamos, camarera. Podía haberla invitado a beber o a bailar o a reir (sí, eso le hubiera gustado, verla reírse, mucho). Podía haber bebido demasiado y derramarle el vaso por encima, podía haberle vomitado la cena y el rico postre de chocolate sobre sus zapatos. Incluso podía haberle susurrado obscenidades con las gafas caídas y las palabras resbalándole entre los añicos de su dignidad (curiosamente es más fácil asumir un jarrón roto que una grieta. Las grietas son amenazas.)


Se equivocó más: gris casi fucsia. Se sintió suficientemente cómodo como para permitirse bromear sin ser entendido, como para decir que le gustaría invitarla a cenar pero sin hacerlo. Se figuró una confiaza que nunca merecen las grietas como él. Se sintió tan buena persona que le pareció inecesario demostrar que lo era.


Se despertó cenizo (la vergüenza tardó un par de litros de agua en aflorar) y con una pasta extraña de palabras con sabor a tabaco bajo la lengua. En su primera flema matinal se podía leer: "Sabes? Cuando tú estás aquí, tengo ganas de ser mejor persona".

1 comentari:

TENDER EPITHELIUM ha dit...

Innecesaria demostración. Apuesto que el volcán de chocolate hubiese aportado a sus zapatos la tonalidad estrella de la temporada!! ;) 1 beso

PD: Un hombre que sabe reconocer el fucsia entre las mil tonalidades entre el rosa y el rojo, merece, como mínimo, el respeto del universo femenino.